Tecnologia, fi de la privacitat? (Tecnología, ¿será el final de la privacidad?) va ser publicat el 25/9/2016 a viaempresa,  la versió en castellà es la seguent:

Hace unos días asistí a una sesión de trabajo sobre procesos industriales 4.0 y la creciente presencia de productos y servicios que incorporan algoritmos de inteligencia artificial. La sesión de trabajo, con industriales y diseñadores, organizada por ESDi a raíz de la puesta en marcha de los estudios de smart design, tenía por objetivo debatir sobre las oportunidades que se abrían para el diseño y la fabricación de productos inteligentes (smart products).

La reunión coincidió con la publicación de la encuesta trimestral del coste laboral correspondiente al segundo trimestre de 2016, elaborada por el INE. La encuesta explicaba que el coste laboral había disminuido un 0,1% respecto al segundo trimestre de 2015, situándose en 2.589 euros por trabajador y mes (el salario crecía un 0,1% llegando a los 1.943 euros de media y los otros costes se reducían un 0,6% hasta los 646 euros). Un coste laboral que disminuía en todos los sectores a excepción de la industria, en el que el coste salarial se incrementaba en un 0,4%, llegando a los 2.312 y el coste laboral se situaba en 3.092 euros (aumentando un 0,3%).

La industria una vez más evidencia su capacidad tractora exportando, generando trabajo cualificado, de acuerdo a las exigencias de la industria 4.0, e incrementando salarios. Un incremento salarial indispensable, -que obliga a disponer de un potente sistema productivo intensivo en conocimiento-, como se evidencia al comprobar que el salario mínimo en España es de 764 euros de media al mes, mucho más bajo que el de países con un coste de la vida similar, como Francia, y muy lejos de los 1.923 euros al mes de Luxemburgo.

El reto, consecuentemente, es progresar en la vertebración de fábricas inteligentes y seguir avanzando en los procesos de innovación para lograr que los productos tengan  identidad individual, facilitando su trazabilidad y dotarlos de más y mejores capacidades, gracias a las potencialidades arraigadas en la conectividad, en Internet y en la computación. El objetivo no es otro, por un lado, de diseñar y fabricar smart products, crear espacios smarts y servicios smart y por otro, vertebrar a la vez un sistema industrial que diseñe y construye las herramientas y los útiles que configuran la manufactura 4.0.

En la reunión se recordó la fábrica de móviles instalada en Dongguan, China, propiedad de la Changying Precision Technology Company, que en 2015 sustituyó el 90% de los trabajadores, más de 500, por robots, en la cadena de ensamblaje, los trabajadores humanos, que ahora trabajan, se dedican a cuidar del correcto funcionamiento de los robots. La visualización de la irrupción de máquinas con un alto grado de precisión llevó a constatar que junto con la automatización de los procesos, las fábricas cada vez más incorporan sistemas, con algoritmos basados ​​en inteligencia artificial, de apoyo a los procesos de innovación, que cooperan con los creativos efectuando búsqueda de datos, identificando avances científicos y tecnológicos disponibles, detectando aquellos que son relevantes y deben ser tomados en consideración. También sistemas para apoyar los procesos de venta generando interacciones en las redes sociales, gestionar comunicaciones y aplicando estrategias de marketing y publicidad.

Constatado que la fábrica cada vez es más inteligente y autónoma, quedó patente que el reto a abordar es el diseñar, desarrollar y fabricar objetos que estarán conectados a Internet y que dispongan de capacidad de computación. Dispositivos, smart products, que comunicándose entre ellos unos configuren redes de sistemas más sostenibles y eficientes y otros encargados de mejorar la interacción de los humanos con el entorno y unos terceros que se convertirán en terminales implantados en el cuerpo humano. Una nueva generación de productos que sólo en 2020 puede alcanzar un volumen de 50.000 millones, según explicó el Instituto de Análisis de Nuevas Tecnologías VINT. La reunión avanzó identificando y explicitando características de mobiliario urbano smart, los wearables destinados a vigilar los datos corporales como la presión, el ritmo cardíaco o la temperatura corporal. Finalizando el debate en intentar responder cuán lejos estábamos de empezar a diseñar dispositivos implantados bajo la piel, biohackables, que combinando informaciones del mismo ser humano e informaciones externas permitan interactuar a distancia con objetos, como por ejemplo bloquear o desbloquear dispositivos. Ciertamente, en los próximos cinco años habrá que reinventar lo cotidiano y los desafíos serán enormes, como lo serán las oportunidades.

Aun pensando en las oportunidades e implicaciones de los smart products, la periodista Raquel Martínez Rabanal me hizó llegar una noticia sobre el prototipo de tatuajes tecnológicos inteligentes creados por la empresa Chaotic Moon conjuntamente con investigadores de San Diego. La noticia explica en detalle este tipo de tatuajes encaminados a cuidar la salud monitorizando la actividad física, también en facilitar la seguridad mediante la geolocalización permanentemente y en mejorar la seguridad en instrumentos de pago, también controlar los mismos dispositivos móviles al ser el Tech Tat un panel táctil, pantalla para mostrar informaciones y almacenando datos.

El prototipo de Chaotic Moon, primer paso en la implantación subcutánea, me lleva a pensar en la necesidad de que se regule el uso de este tipo de tecnologías para evitar la pérdida de la intimidad, la privacidad y la libertad, tecnologías que ya se aplican para identificar productos en especial en el textil. Hay que evitar que los humanos acaben siendo un pixel en una pantalla de ordenador. Ciertamente regularlo es complejo, ya que tiene que sobrepasar a los Estados y ser de alcance global, ahora bien en este inició de una nueva época nada es fácil, pero seguro que todo es posible.

 

Antoni Garrell i Guiu

20 de septiembre de 2016